Tres mitos y realidades sobre el hepatocarcinoma | FundHepa

Share on facebook
Share on whatsapp
Share on twitter
Share on linkedin
Share on email

El hepatocarcinoma (CHC) es el más común de los tumores malignos del hígado, representa el 90% de éstos, seguido por el colangiocarcinoma. Ocupa el 6to lugar en incidencia de las neoplasias malignas, con cerca de 1 millón de casos nuevos al año, y ocupa el tercer lugar en mortalidad, siendo uno de los cánceres más letales.

Sin embargo, hoy en día existen diferentes mitos sobre el hepatocarcinoma y la relación con otros padecimientos. En esta sesión abarcaremos tres de los mitos más comunes sobre esta enfermedad:

Mito: «El cáncer es contagioso»

Realidad:

El cáncer no es contagioso. No existe evidencia alguna de que el contacto cercano, ni acciones como besar, tocar, compartir comidas o respirar el mismo aire puedan causar que el cáncer se propague de una persona a otra. Las células cancerosas no pueden sobrevivir en el cuerpo de otra persona sana, ya que su sistema inmunitario les reconoce como extrañas e inmediatamente las destruye.

El cáncer se desarrolla debido a mutaciones o cambios en el ADN celular. Estas mutaciones son hederadas o se desarrollan durante la vida, ya sea espontáneamente o debido a los efectos de agentes ambientales.

Mito: «El cáncer se hereda»

Realidad:

El hecho de que el cáncer ocurrar con más frecuencia en ciertas familias por factores hereditarios, no significa por regla que los miembros de la familia lo tengan que heredar siempre. La razón de que esto suceda es que sus miembros comparten la misma información genética.

Mito: «Existen gérmenes que provocan cáncer»

Realidad:

Existe cierta información que sugiere que algunas bacterias, parásitos y virus pudieran desempeñar un papel en el desarrollo de algunos tipos de cáncer, y que lo promueven de manera indirecta como consecuencia de la inflamación crónica producen.

Estudios han comprobado que el riesgo de desarrollar hepatocarcinoma celular es superior en las personas infectadas por el virus de la hepatitis B. Determinadas hepatopatías como la hemocromatosis o la porfiria cutánea, confieren un mayor riesgo para este tipo de tumor.